En el 2011 tomé mi primera clase de SCRUM con Xavier Quesada, quizá uno de los mejores profesores de SCRUM y entornos ágiles que existe hoy en día en el mundo.(*)

A partir de entonces, como Director Técnico de una incubadora de empresas puse en marcha el “plan” para incorporar en todos los equipos tecnológicos la metodología ágil que había aprendido teniendo en cuenta un par de cosas:

  • No todas las personas tienen las mismas características ni todos los proyectos las mismas necesidades
  • Había visto algunas empresas que habían incorporado Agile con calzador, ni siquiera se habían planteado si lo necesitaban o sus miembros eran conscientes de la nueva forma de realizar las tareas necesarias. La formación se volvió imprescindible.

La mayor parte de cosas que he visto desde entonces es una mezcla de resistencia al cambio y un mal entendimiento de las bases de Agile. Ya que las metodologías ágiles van mucho más allá de tener que cumplir con los artefactos que nos pone a su disposición: sprints, retrospectivas, planning póker, daily meeting, estimaciones, etcétera.

Y es que la solución no es global ni única: al contrario, en algunos casos es más aconsejable realizar un intermedio que tenga sentido, como Scrumban o directamente Kanban. Lo que hay que señalar es el “por qué” de todo aquello.

Tanto Design Thinking, como SCRUM, como Kanban, Design Thinking o Lean se basan en la premisa de “Fail fast” (Falla rápido), donde el proceso se convierte en un ciclo que nos permite mirar hacia afuera, ver que nuestras expectativas se siguen cumpliendo y que, en caso de fallar, no tardamos 6 meses en darnos cuenta si no que en un “sprint” podemos identificar las razones del fracaso.

Todos los departamentos deben seguir esta metodología para que cualquier organización pueda escalar fácilmente, seguir por el camino de la excelencia y, sobretodo, atisbar el horizonte y cambiar aquello que no funciona en un tiempo récord.

Suelo explicarlo con la metáfora de un día de lluvia: ¿Cómo actúa ante un entorno cambiante? ¿Se limita a poner el modo automático y va hacia su destino esperando que nada se mueva? ¿O realmente lo que hace es avanzar y mirar dónde pone cada paso para ir así modificando “en tiempo” el camino que menos lo moje?

Las metodologías ágiles siguen el principio anterior. Observe, mida, piense y conforme su camino con respecto a lo que ve y no a lo que espera.

Así, esquemas que pueden ser tan complejos como este, con i4impact, no será un jeroglífico inexplicable, si no un reto para su empresa para mejorar y adaptarse al nuevo entorno (VUCA).

(*) https://www.scrumalliance.org/community/profile/xquesadaal

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